Lima está camino a convertirse, si es que ya no lo es, en una ciudad violenta. El aumento de la delincuencia ha creado un ambiente de temor y desconfianza.
Desde hace cinco años, los robos, asesinatos y extorsiones han registrado un aumento significativo sin que hasta la fecha las medidas adoptadas por las autoridades surtan efecto.
Todo este clima de inseguridad está repercutiendo negativamente en el comportamiento de los ciudadanos, los asesinatos ya no son únicamente por algún delito, ahora también una discusión por un partido de fulbito puede terminar en muerte.
Las personas tienen los nervios crispados. El año pasado, Lima Metropolitana tuvo una tasa de homicidios de 23,1 por cada 100 000, convirtiéndose en la tercera ciudad con mayor número de asesinatos a nivel nacional*.
Las causas de este desborde de inseguridad ciudadana son conocidas, las medidas para combatirla también, pero se sigue apostando por soluciones efectista antes que realistas.
Las extorsiones y el sicariato no van a disminuir con la presencia de militares en las calles o en las unidades de transporte público. Enfrentar al crimen organizado es una tarea estrictamente policial a través de la prevención y intervención.
Pero para que la labor policial sea más efectiva se debe empoderar a la institución, dotarla del equipo necesario y revisar su funciones, porque hasta el momento la Policía está actuando después de y no antes de que cometa el delito.
Un reciente informe de la Defensoría del Pueblo** indicó que más del 50% de las comisarías carecen de personal suficientes para investigar delitos y el 77 % requiere más personal de patrullaje.
El número de policías y el trabajo que desempeñan es un tema de debate permanente.
Según el reporte de diciembre pasado del Observatorio Nacional de Seguridad Ciudadana, Lima Metropolitana cuenta con 48 114 policías, de los cuales 5831 son oficiales, lo que representa aproximadamente unos 461 policías por cada 100,000 habitantes.
Es un número insuficiente, si tomamos en cuenta el estándar internacional de 300 policías por cada 100 000 recomendado por la ONU.
La situación se complica si tomamos en cuenta los descansos, las labores administrativas y seguridad que brindan a las instituciones, al final quedan muy pocos policías para patrullar las calles.
El correlato de esta situación se refleja en una sensación profunda de vulnerabilidad, desconfianza y temor constante en los ciudadanos ante la falta de protección frente a la delincuencia.
En 2025, el 57,9 % de la población de 15 y más años de edad manifestó sentirse insegura al caminar sola durante la noche en su zona o barrio, un aumento de 1,3 puntos respecto al año anterior*.
Otro hecho preocupante que reflejan las encuestas es que 4 de cada 5 víctimas no presentaron denuncia porque consideraron que era una pérdida de tiempo, es decir, no confían en la policía.
Al final, tenemos un cuadro que describe a una ciudad violenta: aumento de la ansiedad, aceptación de la violencia, crecimiento de la violencia, economía en zozobra y desconfianza hacia la Policía.
Para enfrentar este problema los primeros pasos anunciados por el gobierno no garantiza que la situación de inseguridad ciudadana se revierta. Son medidas que ya han usado gobiernos anteriores sin mayor resultado.
No se trata de poner más militares en la calle sino más policías.
*https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/9331973/7648859-informe-tecnico-evolucion-de-la-tasa-de-homicidios-e-indicadores-de-seguridad-ciudadana-2022-2025.pdf?v=1769121876
**https://www.defensoria.gob.pe/la-defensoria-del-pueblo-luego-de-supervisar-las-comisarias-a-nivel-nacional-detecto-la-grave-situacion-institucional-que-afronta-la-policia-nacional-del-peru-que-afecta-a-la-poblacion-en-la-lucha/
***https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/9298262/7625851-reporte-del-estado-situacional-del-personal-policial-de-diciembre-del-2025.pdf?v=1769801392

