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La desinformación: una información que enferma 

En salud es tan importante comer bien como informarte bien.

Actualmente, existe mucha información falsa disponible en línea que resulta difícil y hasta agobiante encontrar fuentes de asesoramiento médico confiables.  

La desinformación busca engañas y causar daño. ¿Qué la motiva? Son varias las causas que pueden estar detrás, por ejemplo, motivaciones ideológicas, políticas o económicas, pero, además, resulta perjudicial en la toma de decisiones y para la propia salud de las persona.

Es un problema que se agudiza en tiempos de crisis sanitaria, como sucedió durante la pandemia, cuando aparecieron decenas de bulos como, por ejemplo, que el uso de alcohol en gel en la prevención del coronavirus no servía. Algo totalmente falso, pues las investigaciones científicas serias revelaron que si era efectivo el uso del de alcohol en gel al igual que el lavado de manos con agua y jabón.

Pero la desinformación no solo aparece en tiempos de crisis, esta presente en todo momento y tiene amplia difusión en las redes sociales y otros medios de comunicación. Algunas vienen de tiempo atrás y otras son nuevas.

Una de las desinformaciones más conocidas y difundidas asegura que las vacunas causan autismo o que el exceso de proteínas daña los riñones. Lo cual es totalmente falso. Ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) ni los colegios profesionales de médicos avalan tal disparate.

Otros fake news muy difundido argumenta que las vitaminas B y E o el aceite de pescado pueden curar el Alzheimer. La verdad es que hasta el momento no hay ninguna cura científica para el Alzheimer, la demencia y la pérdida de la memoria.

En los fake news de salud no solo existe desinformación sino también información errónea.

¿Cuál es la diferencia?

Según la OMS, la diferencia principal está en la intención. La desinformación es falsedad y quienes la difunden lo saben, mientras que información errónea es falsa, pero quienes la difunden no tienen intención de engañar.

Pero, también, existe otro tipo de desinformación donde se exagera o privilegia ciertos tratamientos o fármacos. Es una situación que se da en algunos programas médicos que se difunden a través de los medios de comunicación, donde algunos profesionales de la salud suelen comportarse de esta manera. Inclusive realizan diagnósticos sin haber examinado al paciente.

Ante un problema de salud, la mejor manera de sanar es visitar a tu médico o dirigirte a un centro de salud público. Los diagnósticos urbi et orbi realizado mediante la tv o la radio no son los más recomendables.

¿Qué hacer ante tal avalancha de desinformación en salud?

La información virtual en salud sigue siendo importante, pero hay que tomar cierta precauciones para evitar caer en la desinformación.

Por ejemplo,

Visitar páginas web de organizaciones creíbles como el Ministerio de Salud, Colegio Médico o la OMS, porque cuentan con profesionales de la salud que ofrecen su tiempo para investigar y compartir nuevas informaciones. 

De otro lado, antes de seguir adelante o compartir la información hazte estas cuatro preguntas:

¿Quién lo dice?

¿Qué tan fiable es el contenido?

 ¿De qué fuente proceden las afirmaciones?

 ¿Es confiable el medio de información?

 Por último, antes de tomar algún fármaco o seguir un tratamiento acude al médico… tu cuerpo te lo agradecerá.